Gota fría (12/10/2007)
Texto íntegro extraído del reportaje realizado por Jose Manuel Nieves (diario ABC) con tirada nacional el domingo 14 de Octubre de 2007:
Jose Manuel Nieves
Redactor ABC
Las primeras lluvias nos alcanzaron el jueves, 11 de octubre, por la noche, en plena Nacional 3 y cuando aún faltaban 150 kilómetros para llegar a Valencia. Era apenas una precipitación moderada, que sin embargo ya se había convertido en fuerte a la altura de Requena y en torrencial cuando aún faltaban treinta kilómetros para llegar a la capital del Turia.
El nuestro no era el único «comando» que iba a estudiar el fenómeno. Otro equipo se estaba trasladando desde Madrid, y ambos nos reuniríamos, ya sobre el terreno, con un tercer grupo, valenciano. La cita era el jueves a las doce de la noche en un centro comercial de las afueras de Valencia y se produjo bajo una intensa lluvia.
Durante todo el viaje, Pedro y Daniel habían estado siguiendo a través del ordenador la evolución de la tormenta. En esos momentos estaba aún dividida en dos células, y una de ellas, que avanzaba en dirección sur, se encontraba justo encima de nuestras cabezas.
Nos dirigimos hacia el mar, a la playa de la Malvarosa, para tener un primer contacto visual. Allí, bajo una lluvia que esa misma noche llegó a dejar hasta 170 litros por metro cuadrado, la célula tormentosa era perfectamente visible sobre las agitadas aguas. La intensidad del viento y de los rayos eran un anuncio de lo que se avecinaba.
Una unión explosiva
Los datos de radar y satélite mostraban que la segunda célula estaba, a esa misma hora, más al norte, sobre Jávea. Y los contactos telefóncos con el Grupo de Prevención y Vigilancia (GPV) del INM en Valencia confirmaban que el esperado «encuentro» entre las dos se produciría precisamente en esa zona. Así que la estrategia estaba clara: adelantar por carretera a la primera tormenta y esperarla en Jávea, junto a la segunda, para observar en directo la «fusión». Pedro Serrano sabía que la orografía de la zona de Jávea, con sus montañas y elevaciones, no permitirían al segundo de los núcleos moverse de allí. El cabo de San Antonio sería el lugar ideal para «echar la caña». «Cuando las dos se junten -apuntó Daniel Serrano- la situación se volverá explosiva»
Documentar los daños
Tal y como estaba previsto, las dos células tormentosas se unieron hacia las seis de la mañana del viernes, dando lugar a un sistema de nubes en rotación de unos doscientos kilómetros de extensión. Debajo, se desató el caos. Los ríos y torrentes, incapaces de canalizar tanta agua, empezaron a desbordarse. Muchas carreteras quedaron cortadas y numerosos pueblos, inundados. El agua no respetó coches, ni puentes, ni edificios. Ni siquiera la vida de una persona.
La segunda parte de la misión del equipo de «cazatormentas» consistía, precisamente, en documentar los eventuales daños. A las siete de la mañana del viernes y tras una noche entera de persecución, abandonamos el cabo de San Antonio y comenzamos a recorrer las zonas afectadas. Los datos indicaban que, efectivamente, la unión de las dos células había dado lugar a un SCM, y que su actividad no cesaría hasta bien entrada la tarde. Apenas dio tiempo a tomar un café en el bar «Eme», de Jávea, antes de que se cortara la luz. Fuera, el viento había derribado varios árboles.
En Denia, Pego, Gandía, Calpe, Oliva... la situación era siempre la misma. Caminos y carreteras convertidos en torrenteras imposibles de cruzar. Pueblos anegados, vecinos atónitos... Y todo bajo una lluvia que nunca olvidarán
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